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31 dic 2010

Muerte en la ciudad de la muerte, capítulo IV

O de cómo Polilla fue durante un tiempo el detective improvisado más audaz.

"En la vida hay dos clases de personas, las que saben ocultarse tras un seto y las que no"







Poli se despertó a la hora de siempre. Siguió el ritual mañanero acostumbrado. Pero esta vez se saltó una parte del proceso.  No se sentó en la cama unos instantes a meditar y maldecir la jornada que se presentaba como todas las demás jornadas, como su vida. Se saltó esta parte por que hoy, al igual que para sus clientes, iba a ser un día muy especial: La espicha de la Facultad de Biología.

7 dic 2010

Muerte en la Ciudad de la Muerte. Capítulo I

De sobre cómo Polilla encara una mañana de Sábado

Hay dos clases de personas, las que tienen un rollo de papel higiénico en la mesita y saludan al día con una paja llena de vitalidad y las que no

Como siempre no pasa nada en la ciudad. Bueno sí. Llevaban días derribando el edificio de enfrente y se divisaba desde la cama gran parte de la plaza. Ahora mismo hace sol y llueve. Siempre se pueden sentir cosas positivas cuando contemplas los escenarios que se construyen en la ciudad capricho de los elementos del cosmos como la luz y la materia en sus estados. Pero eso no va a hacer que Polilla, al despertarse, se abrace tiernamente a ninguna compañera. O vea una película con una preciosa cabecita apoyada en su pecho. Eso es lo que desalienta a Poli. Aunque la mañana sea preciosa.


25 nov 2010

Muerte en la Ciudad de la Muerte. Capítulo III


"En la vida hay dos clases de personas, las que son capaces de abrir una botella de cerveza con el mechero y las que no."

Normalmente Poli se entretenía metiéndose en su mundo-juego al caminar por la calle hacia el bus. Tenía que evitar pisar las líneas oblicuas imaginarias que salían con una inclinación de 45º de las esquinas de las tapas de alcantarillas, dibujaba su trayectoria en la mente ayudado por la cuadrícula que formaban las baldosas. Pero la complicación iba más allá porque estas líneas rebotaban con los edificios y con el bordillo de la acera. Con lo tenía que recordar las líneas "prohibidas " que le seguían y las nuevas que iban saliendo de las tapas metálicas en las que traía escrito "H. C.", hard core. Aunque las fabricara una empresa que se llama Hidroeléctrica del Cantábrico.
Así iba metido en su mundo, mirando al suelo y caminando raro, escuchando un tema screemo de un grupo, cuyo nombre no conocía, que decía: