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31 dic 2010

Muerte en la ciudad de la muerte, capítulo IV

O de cómo Polilla fue durante un tiempo el detective improvisado más audaz.

"En la vida hay dos clases de personas, las que saben ocultarse tras un seto y las que no"







Poli se despertó a la hora de siempre. Siguió el ritual mañanero acostumbrado. Pero esta vez se saltó una parte del proceso.  No se sentó en la cama unos instantes a meditar y maldecir la jornada que se presentaba como todas las demás jornadas, como su vida. Se saltó esta parte por que hoy, al igual que para sus clientes, iba a ser un día muy especial: La espicha de la Facultad de Biología.

25 nov 2010

Muerte en la Ciudad de la Muerte. Capítulo III


"En la vida hay dos clases de personas, las que son capaces de abrir una botella de cerveza con el mechero y las que no."

Normalmente Poli se entretenía metiéndose en su mundo-juego al caminar por la calle hacia el bus. Tenía que evitar pisar las líneas oblicuas imaginarias que salían con una inclinación de 45º de las esquinas de las tapas de alcantarillas, dibujaba su trayectoria en la mente ayudado por la cuadrícula que formaban las baldosas. Pero la complicación iba más allá porque estas líneas rebotaban con los edificios y con el bordillo de la acera. Con lo tenía que recordar las líneas "prohibidas " que le seguían y las nuevas que iban saliendo de las tapas metálicas en las que traía escrito "H. C.", hard core. Aunque las fabricara una empresa que se llama Hidroeléctrica del Cantábrico.
Así iba metido en su mundo, mirando al suelo y caminando raro, escuchando un tema screemo de un grupo, cuyo nombre no conocía, que decía:

18 nov 2010

Muerte en la Ciudad de la muerte. Capítulo II

El inicio de un sábado cualquiera

“Hay dos clases de personas, las que, en una situación de repentino y espantoso ridículo, se quedan paralizadas; y las que reaccionan valientemente a la velocidad del rayo”



Poli era camarero en la cafetería de la facultad de Biología. Cuando le preguntaban cuánto tiempo llevaba trabajando ahí decía que "toda la puta vida", aunque tenía 28 años. De estatura normal mas bien bajo, medio calvo ya, de mirada mustia, y le faltaba medio índice izquierdo; con lo que se ganó cierta fama jocosa entre los estudiantes en todos aquellos años y el mote de Nueveymedio.
Digamos que no era una persona demasiado extrovertida. Su vida se reducía a levantarse temprano, ducha, a la calle, Mp3, autobús, facultad, café, jornada y para casa; porro, TV y a la cama. Los fines de semana eran su perdición.  No es que se tomara esos días con especial ilusión, pero una vez entrado en materia alcohólica se transformaba cual licántropo y destruía y gastaba todo lo que construía y ahorraba en su vida semanal.

Poli salió de casa, “cagao, meao, pajeao y duchao” como diría el Kajetilla, con su chupa North Cape,  vaqueros, zapatillas de skate y una cadena que le colgaba en el pantalón como toque macarra. Su estilo, su uniforme de batalla, con el que se sentía cómodo. Como era de costumbre, paró en el Orbayu a tomar la “chispa” para ponerse un poco a tono, quitarse el nerviosismo y hablar con su querido barman Nicanor.