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18 nov 2010

Muerte en la Ciudad de la muerte. Capítulo II

El inicio de un sábado cualquiera

“Hay dos clases de personas, las que, en una situación de repentino y espantoso ridículo, se quedan paralizadas; y las que reaccionan valientemente a la velocidad del rayo”



Poli era camarero en la cafetería de la facultad de Biología. Cuando le preguntaban cuánto tiempo llevaba trabajando ahí decía que "toda la puta vida", aunque tenía 28 años. De estatura normal mas bien bajo, medio calvo ya, de mirada mustia, y le faltaba medio índice izquierdo; con lo que se ganó cierta fama jocosa entre los estudiantes en todos aquellos años y el mote de Nueveymedio.
Digamos que no era una persona demasiado extrovertida. Su vida se reducía a levantarse temprano, ducha, a la calle, Mp3, autobús, facultad, café, jornada y para casa; porro, TV y a la cama. Los fines de semana eran su perdición.  No es que se tomara esos días con especial ilusión, pero una vez entrado en materia alcohólica se transformaba cual licántropo y destruía y gastaba todo lo que construía y ahorraba en su vida semanal.

Poli salió de casa, “cagao, meao, pajeao y duchao” como diría el Kajetilla, con su chupa North Cape,  vaqueros, zapatillas de skate y una cadena que le colgaba en el pantalón como toque macarra. Su estilo, su uniforme de batalla, con el que se sentía cómodo. Como era de costumbre, paró en el Orbayu a tomar la “chispa” para ponerse un poco a tono, quitarse el nerviosismo y hablar con su querido barman Nicanor.

12 ene 2010

El Curro

Llego al piso tercero, salgo del ascensor, busco la puerta “C” y pulso dos veces produciendo una melodía simpática fruto del aburrimiento de la rutina en el curro. “Diiiiin don din doonnnnn” . Y espero . Abre un tío sin camiseta que me muestra su esculpido cuerpo y sus tatuajes maoríes mientras coge las pizzas y me pregunta cuánto es. –Puees doce con veinte-. Puto mono de circo, ¿qué intentas? ¿seducirme con tu apariencia de estereotipo de joven irresistible? ¿acaso eres tan presumido que te gusta exhibirte aunque sepas que es casi imposible que la repartidora sea chica? Por lo menos tápate para abrir, gilipollas, que además fijo que tienes una novia tonta que está buenísima y no te la mereces. Me deja ochenta céntimos de propina, le dedico un gesto de franco agradecimiento acompañado de una sonrisa de camaradería tan agradable como falsa. Bueno, ochenta céntimos no están nada mal.
Y así es mi curro, una labor rutinaria hecha de nombres de calles, números, letras, ruido, frío, semáforos, portales, calor, botones, cámaras, micrófonos, altavoces, detectores de movimiento, interruptores, lucecitas, células fotoeléctricas, ascensores, puertas, rostros, dinero y a la moto otra vez.
Pero con su parte entretenida e incluso emocionante. Siempre puedes arriesgar un poco más en cada curva, ver algo o a alguien interesante por la calle, tomarte el día rebelde y no parar en ningún semáforo, romper o joder algo en un portal por puro aburrimiento vandálico, robar, comer, fumar… y sobre todo, lo más interesante es el momento de descubrir qué clase de personaje te va a abrir la puerta en cada piso. Deseando siempre que sea una hembra diosa, en pijamilla o algo más transparente a poder ser, simpática, que con una sonrisa cómplice te alegre la vista, el corazón y la tarde. Te puedes topar con una buena cantidad de personajillos distintos. Pero eso ya es otra historia que podría dar para mucho.